martes, 1 de octubre de 2013

EL FINAL DEL VERANO LLEGÓ...

Sí, como la canción del Dúo Dinámico. El pasado fin de semana ví en Quintanilla del Agua a las golondrinas, prestas a partir, enfiladas y posadas en formación sobre los cables de la luz, como si hubiesen recibido instrucciones marciales y precisas de los astros. Pero este mensaje de la llegada del otoño no sé si ha calado bien en algunas plantas. Y lo digo porque el post de hoy trata de contarles la floración otoñal que han padecido mis manzanos. Sí, así como lo leen. Parece que la duración de las noches, el fotoperiodismo, es el mecanismo que determina el comportamiento estacional de muchos organismos, lo que les permite anticiparse a lo que se avecina (en nuestra tierra qué otra cosa que el frío y cambios nada halagüeños en el ambiente). Pues bien, digo mal. Hete aquí que mis manzanos, bien por estar cerca de las bodegas, o por estar estresados (casi se queman en un incendio este verano)no saben que lo que se avecina son noches cortas. No, que no viene la primavera por mas que luzcan hermosas flores hermafroditas (los manzanos se polinizan con pólenes de otros árboles -por aquello de la diversidad- a través de abejas y avispas, pues son melitófilas). Me temo que por muy generosos que sean mis manzanos para ser fecundados estas flores no tendrán fruto. Aún recuerdo un ingenio de mi padre: un despertador en el gallinero que accionaba un interruptor de la luz a las cinco de la mañana. Aquella era la única forma de comer huevos en invierno, pues las gallinas necesitan 16 horas de luz y no las teníamos. Mi padre, que está en el otoño de su vida, también sincroniza sus relojes biológicos. ¡Voy a tener que decir a mi padre que ponga un despertador a los manzanos!

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