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jueves, 6 de marzo de 2014

HER. ¿Pueden pensar las máquinas?



Si prestas atención te contaré si los hombres podemos enamorarnos de mujeres mecánicas, o las mujeres de androides. Ya sabemos que somos diferentes, afortunadamente, pues en lo que debemos ser iguales es en derechos, no en lo biológico. ¿Nos enamoraríamos de un software dulce y blando, o de un hardware macizo al que tocar?

Esta idea, la de enamorarse de un software, acaba de estrenarse en el cine con la película “Her”. Otra idea, no tan romántica, de mujer como robot (bot) maligno ya fue llevada a la gran pantalla por Fritz Lang en Metrópolis. Pero se dice que los hombres somos de Marte –el dios de la guerra en la mitología romana, que recordamos cada año con el canto de las marzas-, y las mujeres de Venus. Así que desconozco si la respuesta es diferente en ambos sexos.

En realidad a lo que aludimos y de lo que estamos hablando es de Pigmalión, aquél mito del artista quien, imposibilitado de encontrar la mujer perfecta, se enamora de su propia escultura. 

La primera experiencia en ver cualidades humanas en las máquinas fue con ELIZA, un programa con voz femenina que simulaba a una psicoterapeuta y que fue creado por Weizenbaum en 1966. Y en la actualidad disfrutamos de la exitosa serie The Big Bang Theory donde podemos ver a Rajesh ligando con “Siri”, la voz de su computador Apple. 

Lo cierto es que Theodore (Her), un escritor que se acaba de separar, se rinde a los encantos de Samantha, el dulce sistema operativo de su ordenador que le cautiva con la voz seductora de Scarlett Johansson en la versión original. En las postrimerías del film Theodore, celoso, le dice a Samantha lo que cualquier “humano” le diría a una mujer, “o eres mía o no eres mía”; a esto Samantha le responde: “soy tuya y no soy tuya” pues le terminó confesando que mantenía relaciones con 681 hombres a la vez. 

Fue Alan Turing (1912-1954), aquél que descifró el código ENIGMA de los nazis, a quien se le atribuye este otro enigma ¿Pueden pensar las máquinas? ¿Es la mente un computador? Este fue el título de una conferencia impartida en la Universidad de Burgos por el Catedrático de Filosofía Dr. Pedro Chacón. Vino a decir que autores como Putman y Fodor defendieron tesis funcionalistas o computacionales de la mente. Vamos, que actuaría como un software ejecutando funciones independientemente de si el hardware era un cuerpo humano o baquelita. Defendían que los seres racionales eran quienes compartían ese software. Pero… ¿Qué pasaba con las sensaciones, las percepciones, los sentimientos, la consciencia (sentir que existes, sentir la realidad de uno y de los otros, “tener conocimiento de…”). Otros autores como Jhon Searle nos hablan de la naturaleza de los estados mentales para decirnos que lo que necesitamos es SEMÁNTICA, significados y no sintaxis. El software (la máquina) emularía la mente pero no superaría el dualismo cartesiano (mente-cuerpo) por muy rápido que fuera. En fin, que Samantha no sería una mujer por muy capaz de ligar con 681 hombres a la vez.

viernes, 28 de febrero de 2014

DOCTOR: AMOR POR LA SABIDURÍA

En España ser doctor es cada vez mas popular pues uno de cada 600 habitantes somos doctores. En total unas 83.000 personas hemos alcanzado el más alto título universitario. En inglés a los doctores se les denomina PhD, doctores en filosofía, o lo que es lo mismo: "que sienten amor por la sabiduría". Y la mayoría no guarda relación con la medicina, aunque éste no es mi caso. Es decir, que a mi me ha tocado ser el doctor (MD) de mi pueblo (En la fotografía en la que aparezco junto a mi hermano Félix, aquella que nos hizo "el Hermoso" para el nostálgico banderín de la escuela, ya apuntaba maneras con los libros) . Esto es lo que dice la Encuesta del INE sobre Recursos Humanos en Ciencia y Tecnología. También nos dice que el 35% trabajamos en la Administración y el 43% como profesores. Y que, únicamente, el 15% trabajan en la empresa privada. En mi caso he tenido la suerte de alcanzar este título y pertenecer a ese 7% de doctores que sus padres no tenían estudios y a ese 4% de doctores que estudiaron el Bachillerato en un Instituto Público (Instituto Conde Diego Porcelos de Burgos). Quizá se necesite un mayor reconocimiento social para quienes emprendimos esa aventura personal y solitaria de crecer profesionalmente replanteándonos todo cuanto sabemos, desconfiando de lo establecido y aprendiendo de los errores. Ser médico exige que, además de ser profesional –ético por excelencia, que cuida-, ser un científico, tener actitud crítica, de sano escepticismo, que haga válida aquel díctum de la Royal Society: “Nullius in verba” (en boca de nadie). Debe el médico desterrar sofismas como el de autoridad, que significa creer en alguien por la solvencia de la fuente. Tenemos que reconocer dudas y desterrar falacias sabiendo que esto no va a mermar nuestra autoridad; por el contrario la acrecienta como decían Skrabanek y McCormick. Así es que se nos exige ser científicos y humanistas, conocedores de la psicología, de la cambiante complejidad de las técnicas diagnósticas y de la farmacopea, en un ámbito en continua especialización con delimitación de competencias y tendente a trabajar de forma interdisciplinaria. ¡Uff...!

domingo, 29 de diciembre de 2013

BREVE ANATOMÍA HUMANA EN NAVIDAD

A un seminarista le preguntaron en el exámen ¿Qué es el hombre? Él respondió: "un animal"... Y, tras pensar un poco, agregó: "pero... racional". Los instruidos examinadores convinieron solo con la segunda mitad de la respuesta... Así comienza un cuento de Chéjov que estoy leyendo estas navidades. Sigue con..."la cabeza la tiene cada uno, pero no cada uno la necesita. ¿Y la lengua? Siguiendo a Cicerón nos dice que es la enemiga del hombre y la amiga del diablo y de las mujeres... El discurso sobre el cuerpo del hombre y su naturaleza ha sido objeto de todo tipo de analogías:los zoomorfos pueblan las iglesias románicas, gárgolas las góticas, con el Renacimiento hasta la arquitectura se humaniza. Luis Lobera representará el cuerpo como un alcazar, con ojos como atalayas, la boca como un molino y la lengua como una vieja. Y como yo soy un alegre melancólico, que diría un chejoviano -valga el oximorón-, amo la vida y huyo de todo subjetivismo. El cuento viene al caso porque leí, este día de Nochebuena, que un miembro de un grupo defensor de los animales había denunciado al Ayuntamiento de Burgos por montar un Belén viviente. ¡Vaya, como en mi pueblo, que ya va para 20 años que lo venimos celebrando! -me dije-. El asunto trata del maltrato al que se somete al burro, a los corderos y a unas gallinas, todos figurantes en el Portal, pues se les denigra a un papel decorativo (sic). Y como soy médico, iniciado en el secreto del pecado humano, estoy convencido de que no hay literatura que supere el cinismo de la vida real. Y es que en este siglo vamos a afrontar retos que no van a solucionarse con clichés ni con ideologías: el futuro está abierto -nos dice Popper- y tenemos la responsabilidad de hacerlo mejor con libertad y con ciencia. No será con una actitud pánfila como resolvamos los problemas, ni con utopismo vácuo ni falacias naturales, ni con progresismo -esa ideología panfletaria e ilustrada del romanticismo que nos piensa llevar a hacia un progreso humanista, ni con la falacia de la autoridad, ni con la idea fuerza de la igualdad -será igualdad de oportunidades, no de sexos, de cuotas o de derechos de los animales...-, ni con la democracia sagrada, ni con la cultura como teología secular, ni con un modelo platónico del mundo que tropieza en la falacia narrativa, aquella que no quiere ver cisnes negros entre quienes nos describen la realidad. Así que no sé qué es peor: que el asunto vaya contra el Belén por un fanatismo indocto -¡burro, es el símbolo, el caracter público del Belén, no las creencias privadas de las gentes particulares!- o bien, por otra parte, no sé si se trataría de un asunto de isovalencia. ¿Son iguales los derechos de los hombres que los de los animales? ¿Defendemos una ética antrópica o anantrópica? Acaso... ¿vamos hacia una biozooética? (El filósofo Gustavo Bueno nos recuerda a aquel nazi que dijo:"nosotros los alemanes somos los únicos del mundo que tratamos con corrección a los animales".) ¿Son, acaso, iguales los derechos de los hombres que los de los pueblos? Pero hoy se usa la lengua y el ecologismo biocentrista como arma política y parece rentable. Para los defensores de los animales y de la vida -así, en general- la vida humana no es el centro de la biosfera sino la plaga de una especie -la humana- que prolifera en detrimento de otras. El antropocentrismo del hombre no tiene por qué ir contra otros derechos.¡Es mas, creo que quieren que yo muera! Sí, como una bestia, como un burro o un cordero. Pero desconocen que los hombres no morimos, sino que fallecemos.

martes, 19 de marzo de 2013

QUE SE ACABA.... TIERRA DE GIGANTES

¡Que se acaba… Que se acaba…la religión! Pregonaba un carnicero por las tierras del Arlanza cuando llegaba a las plazas de los pueblos. Como aquí el fútbol es filosofía y religión, también a nosotros se nos acababa la competición y se nos antojaba la última gesta en aquella tierra de gigantes -al cruzar Mambrillas de Lara se nos apareció un dinosaurio entre los enebros-. Era el último partido del Trofeo de la Diputación de Burgos, naturalmente del grupo B –porque no había C-, y jugábamos contra el último de la tabla en uno de los pueblos de la Demanda: Campolara. Será por la tensión previa a los encuentros –nos dijimos-, pero fue pisar el campo y sentir que alguien, allá desde el picón de Lara, entre las Mamblas y el Mencilla nevados, nos vigilaba. La verdad es que empezamos mal. Recién hundidos los zapatos en los charcos del césped el delegado del equipo anfitrión, los albinegros de Mambrillas de Lara, nos señaló el vestuario del equipo visitante: el cementerio. Sí, el cementerio de la localidad, un recinto tapiado donde reinaba el orden, la paz y hacia donde nuestros jugadores, que venían a la guerra, desfilaron en comitiva. Antes de entrar, no sin mostrar un rictus de desconfianza, los jugadores se miraron con recelo y se detuvieron frente a la caseta de autopsias. Si lo que pretendían era amedrentarnos, pensamos, hemos de reconocer que acertaron de pleno con el escenario: sogas recostadas por las paredes, palas, picos y algunos aperos de labranza que yacían como cadáveres embalsamados, como tributo a la generosidad de aquellas tierras altas. En el suelo se amontonaban sacos de cal; y nos preguntamos si servirían para tirar líneas, para tatuar nuestros cuerpos, o para hacernos desaparecer tras la batalla –pensamos en las camisolas verdes del C.D. Quintanilla del Agua, allí mancilladas y tiznadas, como el césped, por tajos blancos. El entrenador y los jugadores argüían con singular épica y, envalentonados, por fin, aquella tarde se decidían a escribir la última epopeya. Los atletas se fueron desnudando prestos a una vivisección, como si se tratase de una clase de ciencias. Se calzaron con tacos afilados como cuchillos y se enfundaron las espinilleras –eso sí, con cinta aislante de color verde hierba, que los colores son los colores-. De improviso apareció el forense. Vestía camisola amarillo limón y, de sopetón, sentenció: ¡Dios es mudo! ¡No quiero ni una palabra en el campo! Gritó el árbitro a nuestros jugadores llevándose la mano al bolsillo... Llegó el descanso y regresamos, de nuevo, hacia el cementerio, en cortejo y cabizbajos. El entrenador bramaba: ¡idiota, cretino! ¡Prefiero que nos incineren a que nos entierren, y ambas cosas a tener que aguantar a este cuervo! La verdad es que los silencios del árbitro no eran fáciles de entender. El pájaro, que esta vez no vestía de negro, revoloteaba por el campo, se zambullía en el barro como un gorrión y estorbaba a los jugadores: Manuel, un jugador de altura de nuestro equipo tuvo que amonestarle porque le estorbaba cada vez que controlaba el esférico. Nos estaba pitando un ser pusilánime que se comportaba como una clara de huevo, resbaladizo y frío, como el campo, como la nieve de los aledaños. Eso sí, tenía gran capacidad de compasión pues no sacó ni una tarjeta. Sentenciaba como un objeto inanimado, paralizado, como el balón cuando tocaba el suelo, con gestos sencillos. Vamos, de oídas. En fin que, aquella tarde, el fútbol nos despertó las pasiones más atávicas. Creo que continuamos el partido más por despecho hacia el colegiado que por deportividad. Únicamente la pasión te lleva a los campos de fútbol. Los aficionados del C.D. Quintanilla somos pocos: una enamorada de un jugador y otro seguidor,taciturno, que en el descanso se entretuvo en reflexionar asomado a la puerta del cementerio. Los epitafios le miraban y, enfrente, vio el de una mujer de 105 años que había fallecido en 2006. ¡Se nos va a hacer largo este partido! –pensó-. Estamos jugando a la retaguardia y, aún así, perdemos tres a cero. Ummm… El tiempo se acababa y los locales se pavoneaban de sus aciertos. Se mascaba la tragedia y los porteros tiritaban ateridos del frío y del miedo. Darío, nuestro guardameta, nos confesó que él no sentía angustia por el juicio final, ni por el resultado del partido; que lo que no soportaba era sufrir la actuación de aquel espantapájaros. Pero al poco de comenzar la segunda parte llegó un remate espectacular de Dani “Hans”. Y otro gol de Tomás, quien acertó, agonizante, con la hazaña de meter el balón en la portería. Lo celebró como si hubiera cazado un león. ¡Estábamos en el partido! Aunque ya dijo Tolstoi que cada familia era infeliz a su manera… Y la nuestra no podía luchar contra la tradición: perder. Eso sí, con el mérito de ser contra el último. Ni el gol postrero de Susi consiguió que recobrásemos el aliento. “Hans”, un jugador de recursos, además de la pantomima y el dramatismo, fue el primero en retirarse, cojeando, de la contienda. Después, Jairo. Empapado en el barro fue atendido en aquel Instituto Forense improvisado. Sí, sin exagerar. También hubo lances sucios, sí; para no desentonar con el barro, como cuando Javi, el portero reconvertido a delantero centro, lanzó una patada a un charco y cegó al portero rival. Hasta David perdió entre el barrizal su santa paciencia. A punto estuvo de ver la única tarjeta del partido. Israel, en el ejercicio propio de su cargo de capitán, en un último intento por salvar el naufragio, detuvo a tiempo la mano del infausto árbitro. Amanecía la noche en el picón de Lara y el campo se llenaba de las sombras de aquellos guerreros que se habían dejado la gloria entre los charcos.

lunes, 26 de marzo de 2012

RELIGIÓN Y CIENCIA




Piadoso lector:
Aquí estoy, de nuevo, hablando sin ser interrumpido. Si me prestas atención, te contaré…
Que ya es primavera, que mi hija se encuentra entusiasmada preparando el viaje de estudios camino de Roma y que me dispongo a escribirte una nueva carta.
Esta vez opinaré para mejorar la percepción social de la ciencia aunque, muchas veces, lo que interesa a las personas son más las informaciones mediáticas que las sesudas reflexiones, sean éstas sobre la salud, la naturaleza o el tiempo.

Los avances científicos conllevan exigencias éticas, nuevos retos que nos obligan a comunicar dichos descubrimientos a la sociedad, a un ciudadano que exige una explicación de las cosas (en medicina está el “power patient”, el poder del paciente). Además, dicha información ha de ser transmitida con confianza, veracidad y transparencia. Pero… ¿qué verdad?

El pasado fin de semana leía, en el Diario de Burgos, una entrevista al Obispo Burgalés de la Diócesis de Ciudad Rodrigo, Ilmo. Sr. D. Raúl Berzosa, en la que manifestaba que ciencia y religión no eran excluyentes. Y estoy de acuerdo con este enunciado del humilde vigilante. Y digo humilde porque su jurisdicción apenas alcanza las 35.000 almas; y vigilante, por el cargo –aunque no puedo disimular una sonrisa cuando pienso en mi colega, el epidemiólogo de Soria, también vigilante, cuando le espetamos que goza del privilegio o bula de poder prescindir de las tasas ya que su jurisdicción para la vigilancia epidemiológica apenas alcanza las 100.000 almas.

Existen coincidencias entre religión y ciencia. La humildad es un bien en la religión, pero tanto más lo es en la ciencia donde la duda es la que nos ayuda a avanzar. La ciencia nunca da nada por definitivo y ahí radica, precisamente, el secreto de su éxito. Otra coincidencia es que ambas, ciencia y religión, hoy se ven perseguidas por defender argumentos universales y globalizados. Así que nos dice el Sr. Obispo que ciencia y religión son complementarias y compañeras de viaje en el misterio de la vida (como las golondrinas que ilustran el post). Compañeras sí, en buscar la verdad, pero ambas siguen un camino (método) distinto y aquí radica la principal diferencia.

También me llamó la atención su propuesta filosófica por la que jerarquiza al hombre según su nivel de pasiones: el erotismo –la más baja-; el poder político, después; luego la ciencia; más tarde el arte y, por último, el misticismo –la pasión suprema, nos dice. Pero yo preferiría aquella otra taxonomía que nos ayuda a entender las cosas. Una visión de Einstein sobre el amor y el conocimiento: “al principio todo el conocimiento está puesto en el amor; después, todo el amor está puesto en el conocimiento”. O bien, parafraseando a Chéjov, aquello de “hay más amor al hombre en la electricidad que en la castidad”.
Vamos, que la vida del hombre más que medirla según un “índice de pasión” o “un “indicador de amor”, merece tratarse como una variable sintética en función de otras, como puede ser el camino o el método de adquirir conocimiento, que, como dice el obispo, no tiene por qué acercarnos ni alejarnos de Dios.

La religión se convierte, así, en una forma honrada de adquirir conocimiento y quienes se han entregado a la alabanza de Dios con sus virtudes han contribuido, también, al progreso común. Pero la religión sigue otros métodos en su búsqueda de la verdad, sigue otro camino como es el dogma y la autoridad.

También busca la verdad el arte –ese imaginar la realidad- que es fuente de inspiración para todos nosotros ya se trate de simplemente hacer bien las cosas, o de imitar a la naturaleza (realismo). Si queremos representar un mundo de soledad, de aislamiento, de angustia… ahí tenemos a Hopper, a Hitchcock, a los expresionistas.

Ciertamente, aunque siguen caminos diferentes, no son incompatibles ciencia y religión, bien sea la creencia en un Dios personal como en un Dios Einsteniano –metáfora de los secretos que esconde la naturaleza-.

Pero lo que verdaderamente le hará feliz al Ilmo. Sr. Obispo, como a mi hija, es aquello de "todos los caminos conducen a Roma".

martes, 15 de noviembre de 2011

LA GUERRA DE LOS BOTONES



Gracias a ti, Julita,apasionada maestra de mis hijos, de nuevo hemos podido disfrutar de otro preestreno en Burgos dentro de ese mirífico proyecto sobre cine y escuela. Esta vez se trataba de un “remake” de otro film basado en la novela “La guerra de los botones” del maestro Louis Pergaud. La película, además de entretenida, es educativa e informativa y, sinceramente, aquella noche mereció la pena abandonar la blandura del hogar.
Por otra parte me tomo la licencia de la crítica y aporto mi colaboración en esa actividad propuesta como 3x1.
Aunque la literatura o el cine no nos salvan de los conflictos o de las contingencias de los humanos, sí nos muestran, a veces, la realidad violenta e injusta del mundo - esto le haría feliz a Tolstoi- . Solamente la ciencia y la cultura nos harán dueños de nuestros destinos. Ciertas ideas como la igualdad y la libertad forman parte del derecho natural ya que luchan contra el autoritarismo. Pero solamente la ley y el Estado pueden limitar esa libertad para salvaguardar la de otros. Hay conflicto siempre que dos intereses no confluyan o se perjudique a terceros. Y únicamente cabe una solución impuesta por el Estado o la guerra pues puede que ese conflicto no tenga solución.

En mi opinión, en el “haber” de esta película deben figurar tres hechos significativos:
- Los chicos nos dan una lección de pragmatismo para dirimir sus problemas de identidad social y biológica, para asegurar la cohesión como grupo, para luchar por su pueblo (territorio), por la comida (los frutales en sus lindes) y por las chicas (Violette). Con esta guerra pienso que lo que hacen es canalizar el conflicto, inherente y consustancial al hombre. De lo que se trata es de conocer cuando un conflicto deviene en violencia y de cómo saber gestionarla. En esto, me parece que los chicos dan una lección a los adultos (al alcalde y a los políticos). Los chicos aman a sus pueblos, pero no caen en el dogma del fanatismo.
- También destacaría la figura de Lebrec que encarna el liderazgo, la fuerza moral del esfuerzo, la autenticidad de esos valores que también le transmite la escuela. Liderazgo ausente en la Europa actual, sumida en el relativismo, en lo políticamente correcto y en esa falsa solidaridad de los ejércitos pacifistas.
- Por último, destacan valores universales como la libertad, la rebeldía frente al padre o la autoridad del maestro, la solidaridad auténtica en la defensa de la niña judía… en fin, valores líquidos que impregnan una atmósfera de autismo social (la del socialnacionalismo).

Y quizá, porque algo debe figurar en el “debe”:
- Un abuso de ideas fuerza como democracia (Hitler fue elegido en las urnas), laicidad, ilustración, solidaridad, buenismo… y otros tópicos pues, a mi juicio, subyace una visión naturalista, idealizada (con hermosos paisajes y lugares) y romántica que se aleja de esa perspectiva racionalista más propia de Occidente que, en la época en que se contextualiza la guerra de los botones, derivó en la patología de la razón, en el relativismo y el totalitarismo.

martes, 1 de febrero de 2011

EL PUENTE DEL CONOCIMIENTO















¿Quieres aprender cómo funciona el conocimiento sobre el mundo?
La respuesta a esta pretenciosa pregunta es: ¡atraviesa el puente del conocimiento!

No solo el hombre, los animales también aprenden; incluso hay animales sociales; pero lo característico del hombre es la cultura -un camino hacia el conocimiento mediante el cerebro y el lenguaje, la principal herramienta del pensamiento y socialización.

Así que el deseo de inteligibilidad mueve al hombre, tanto al científico como al artista. ¡Veamos los principales tipos de razonamiento!

Existen dos tipos de razonamiento; uno sigue el camino de la INDUCCIÓN, de lo particular de los objetos a lo general de la teoría o ideas. Es el camino ascendente del arco del conocimiento que nos dice David Oldroyd, como el que está tras el puente que estás viendo, el de la recogida de observaciones, de las diferencias, del análisis; un camino de hormigas recolectoras que salen de la caverna para observar el mundo de los objetos. Pero, ¡ojo!, no es un camino seguro para inferir la verdad de las teorías -recordemos la historia de aquel "pavo inductivista" de Hume, que tras observar durante meses que todos los días lo echaban de comer a las 9 de la mañana infirió la teoría de que "todas las mañanas comía". Esto fue así hasta el 24 de diciembre, mañana en la que ignoraba el ayuno preceptivo del "inductivista pavo" antes del sacrificio.

Un artista, como mi hermano Félix, cultiva un saber mas indisciplinado y realiza un camino inverso - parte de una idea y construye un pueblo o una bella figura, una obra de arte. Además, la tendencia hoy en el arte es que también el artista puede experimentar, interaccionar, como Félix en su territorio ARTlanza, un auténtico "LAB" de la cultura donde también cabe la ciencia.
Pero decíamos que el otro camino es el de la DEDUCCIÓN, el descendente, el que va de lo general, de la teoría, a lo particular. Es el camino de las analogías, de la síntesis, de los teoremas o axiomas, de las matemáticas - que según nos advierte Gödel no pueden usarse para demostrarse a sí mismos-. Es también el camino de los libros sagrados -revelados- de las religiones.

El método científico - éste sí es disciplinado- es el hipotético-deductivo. Los científicos no son depositarios de ninguna verdad. Se parte de una hipótesis, o conjetura, o propuesta de explicación de los hechos, que se intenta falsar. Es el Falsacionismo de Karl Popper, aquel que deja con vida únicamente las teorías que resisten este intento de falsación, considerando que son correctas provisionalmente. Así, desciende por el camino deductivo, contrasta con los hechos y vuelve a formular nuevas hipótesis cruzando, de nuevo, este puente del conocimiento como el del territorio ARTlanza, cargados de nuevas conjeturas dispuestas a la falsación.

jueves, 16 de diciembre de 2010

TAMBIÉN LA LLUVIA



Escribo estas reflexiones tras tener el privilegio de haber asistido el día 13 de diciembre a la “première” o preestreno en Burgos de la película de Iciar Bollaín “También la Lluvia”. Y esto gracias a la invitación -en condición de padres de alumnos- de Julita Fernandez, anfitriona del evento y maestra del C.P. Padre Manjón, a quien mi mujer y yo agradecemos el esfuerzo, entusiasmo y empeño que ha tenido en la educación de nuestros hijos –aún recordamos aquellas tutorías “on line” a través de “bscw”.

Y lo hago desde un optimismo prudente –no como el de Platón o desde el optimismo panglosiano, es decir, pensar que las cosas se arreglan solas- o, si prefieren, desde un pesimismo esperanzador – desde cierto escepticismo, pero confiando en el hombre como dueño de su destino.

Desde mi modestia intelectual, la película me sugiere algunos pensamientos y comentarios y, más que tener respuestas, lo que tengo son preguntas sobre temas tan humanos (que diría Publio Terencio) como:

-1º La Historia, el colonialismo, la falacia natural…No se puede rechazar la Historia como fuente de conocimiento pues hemos de aprender de nuestros errores. Pero pienso que la Historia no puede alcanzar ninguna pretensión de Ciencia. Y, sin embargo, aunque la ciencia tampoco puede decir mucho sobre la justicia o los derechos fundamentales, pues es neutra ideológicamente, es la empresa que más ha contribuido al bienestar humano y remediado muchas injusticias.
Entonces, la actitud válida ante los hechos históricos que se sojuzgan podía ser aquella de mas humildad, tolerancia y trabajar por la paz. Pero no un pacifismo como valor absoluto, pues esto nos llevaría a la moral del esclavo, En esto los indígenas –hombres y mujeres de Cochabamba- nos dan un ejemplo de defensa de la dignidad humana pues hacen de la guerra del agua una guerra moral. También se precisa modestia para entender el mundo desde un punto de vista más pragmático -los anglosajones, quizá, nos superen en esto a los latinos-, porque no todo lo natural es lo bueno y “ser” no es lo mismo que “deber ser” (falacia naturalista); ¿Es bueno que viviendo la revolución de la globalización, formando parte América de Occidente, en Bolivia los niños no tengan acceso a los servicios básicos -que se alcanzaron en Europa en el siglo XIX- y tengan que beber el agua recogida de la lluvia? ¿Están mejor hoy los habitantes del Sahara que cuando estaban bajo protectorado español? A veces las ideas de etnia, pueblo, y nacionalismo pueden ser una tentación para la tiranía.

2º La película, Religión y los valores.Otras formas de conocimiento -también respetables, pues buscan la verdad- son el arte (como esta película de cine) o la religión, que apelan a la pasión, a la imaginación o a la verdad de la autoridad. Muchos de cuantos trabajamos en derechos de primera o segunda generación (la salud o la educación) sabemos que los derechos no existen en la naturaleza, que no hay una ética universal, pero que vamos ganando poco a poco ese terreno a los derechos. Y esto es inquietante para muchos, o fascinante para otros. En esta globalización que ya ha llegado, en la sociedad del conocimiento, tan sólo la razón nos podrá conducir –como diría Popper- a una sociedad abierta que nos prepare para la responsabilidad. Deberíamos defender un nuevo humanismo tecnológico incorporando estas nuevas tecnologías de la información y comunicación (TIC) como ya se está haciendo con la Web 2.0, aunque sin olvidar que no es lo mismo sociedad digitalizada que sociedad del conocimiento.

3º La Educación.Todos reconocemos que es el pilar básico –emancipa al hombre- de nuestra sociedad del bienestar, ahora cuestionada. Pero pienso que no deberíamos descansar en la escuela y en el profesor toda esta responsabilidad de la educación, pues la familia debería jugar un papel más relevante -también la salud se gana y se pierde en la familia (no solo en el sistema sanitario) en la adquisición de conocimientos, actitudes y habilidades.
Mi opinión respecto del viaje de la EMOCION 2.0, es que veo el peligro de presentar la escuela de hoy desde una perspectiva que pone demasiado énfasis en categorías absolutas como utopía, diálogo para solucionar todos los problemas, mundo de colores, magia, emoción etc… (que se deslizan a lo largo de la documentación que se entrega en la película) y todo bajo ese manto que se ha criticado como el relativismo cultural que afecta a Europa y a Occidente, y que impediría afrontar los retos de nuestro tiempo. Vamos, que sobresale esa visión de la educación de Rousseau frente a esa otra más pragmática de Hobbes que reconoce la competencia, el esfuerzo, el renunciar a parcelas de derechos –como la libertad, que no existe- a favor del Estado para conseguir otros derechos como la seguridad y resolver así otras contingencias humanas. Vamos, una perspectiva más liberal que presenta también un Estado humano y bienhechor.
Frente a la crisis de la revolución industrial aparecieron los movimientos “ismos” como el ludismo –culpar a las máquinas o a la ciencia de los males del mundo-, el socialismo utópico, los nacionalismos, hippismos etc… Hoy, frente a los retos de la globalización también se corre el riesgo de otros movimientos irracionales y románticos -como nuevos luditas- que enarbolan la bandera romántica contra la ciencia y la culpan, junto a la codicia humana, de ser responsable de todos los males del mundo.