Con 45 años, en 1897, D. Santiago Ramón y Cajal escribió un discurso para su ingreso en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de España: “Reglas y consejos sobre investigación científica en España”, que fue editado como libro en 1923. Los capítulos que aborda son:
I) La observación y la experimentación –razonamientos inductivos y deductivos- son las fuentes del conocimiento.
II) Luchar contra el sofisma de autoridad –como Galileo refutó a Aristóteles.
III) No se debe distinguir ciencia y técnica ni teoría de práctica –ya lo hizo Pasteur con la analogía del árbol y la fruta-. Tampoco es preciso un especial talento para la ciencia - “I haven´t special talent. I´m only extremely curious”-. Únicamente se debe de tener curiosidad, perseverancia, independencia y amor a la patria y a la gloria.
IV) Inspirarse en la Naturaleza, causa y ocasión de todos los libros.
V) Evitar la enfermedad de la voluntad, el enciclopedismo, la teorización. El libro se subtituló: “Los tónicos de la voluntad”.
VI) Compatibilizar tarea profesional con investigadora.
VII) Evitar explicaciones aventuradas. La observación, experimentación y tests de hipótesis darán la razón de los fenómenos.
VIII) En España la redacción científica tiende a la hipérbole y a la dilución aparatosa. Estilo sobrio, sencillo y sin afectación.
IX) La naturaleza ha sido piadosa con la vejez por la resistencia del cerebro al paso del tiempo. Somos escultores de nuestro propio cerebro.
X) El Estado debe aprovechar los dones de aprender de las clases humildes por el bien de la nación.
XI) Se crea la Junta de Ampliación de Estudios y Pensiones pues Cajal, entusiasta, pretende que los estudiantes salgan a Francia, Inglaterra y Alemania. Los españoles, dados al espíritu aristocrático (vanidad irresponsable), la Inquisición (el clero se olvidó del hombre y de la naturaleza y hoy no vence la fe, sino la ciencia y la riqueza), las guerras inútiles, los Austrias, y otros… causaron el tradicional atraso de nuestro país en ciencias.
El deleite intelectual estará en la ciencia que, a modo de iglesia de la naturaleza, tendrá como bóveda el cielo, como lámpara el sol, como altar la tierra y como ofrenda el conocimiento.
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martes, 26 de enero de 2016
REGLAS Y CONSEJOS DE DON SANTIAGO RAMÓN Y CAJAL
Con 45 años, en 1897, D. Santiago Ramón y Cajal escribió un discurso para su ingreso en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de España: “Reglas y consejos sobre investigación científica en España”, que fue editado como libro en 1923. Los capítulos que aborda son:
I) La observación y la experimentación –razonamientos inductivos y deductivos- son las fuentes del conocimiento.
II) Luchar contra el sofisma de autoridad –como Galileo refutó a Aristóteles.
III) No se debe distinguir ciencia y técnica ni teoría de práctica –ya lo hizo Pasteur con la analogía del árbol y la fruta-. Tampoco es preciso un especial talento para la ciencia - “I haven´t special talent. I´m only extremely curious”-. Únicamente se debe de tener curiosidad, perseverancia, independencia y amor a la patria y a la gloria.
IV) Inspirarse en la Naturaleza, causa y ocasión de todos los libros.
V) Evitar la enfermedad de la voluntad, el enciclopedismo, la teorización. El libro se subtituló: “Los tónicos de la voluntad”.
VI) Compatibilizar tarea profesional con investigadora.
VII) Evitar explicaciones aventuradas. La observación, experimentación y tests de hipótesis darán la razón de los fenómenos.
VIII) En España la redacción científica tiende a la hipérbole y a la dilución aparatosa. Estilo sobrio, sencillo y sin afectación.
IX) La naturaleza ha sido piadosa con la vejez por la resistencia del cerebro al paso del tiempo. Somos escultores de nuestro propio cerebro.
X) El Estado debe aprovechar los dones de aprender de las clases humildes por el bien de la nación.
XI) Se crea la Junta de Ampliación de Estudios y Pensiones pues Cajal, entusiasta, pretende que los estudiantes salgan a Francia, Inglaterra y Alemania. Los españoles, dados al espíritu aristocrático (vanidad irresponsable), la Inquisición (el clero se olvidó del hombre y de la naturaleza y hoy no vence la fe, sino la ciencia y la riqueza), las guerras inútiles, los Austrias, y otros… causaron el tradicional atraso de nuestro país en ciencias.
El deleite intelectual estará en la ciencia que, a modo de iglesia de la naturaleza, tendrá como bóveda el cielo, como lámpara el sol, como altar la tierra y como ofrenda el conocimiento.
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martes, 18 de noviembre de 2014
THE BLACK SWAN. EL AZAR Y LA FALACIA NARRATIVA
Somos ingenuos pavos inductivistas que necesitamos de narraciones, de categorías, de simplificaciones… y esto nos hace vulnerables. El hombre maneja mal el azar pues banaliza lo que es frecuente y enfatiza lo que es raro. Además piensa mas en la causalidad que en la casualidad (la serendipia; vamos, la chiripa). Y es por eso que inventamos historias “a posteriori” para que los hechos tengan una causa. Pero el mundo –complejo- está lleno de incertidumbres y está impregnado de azar. El azar en matemáticas, en estadística, es predecible; en física manejamos sucesos determinísticos y estocásticos, en biología se estudian mutaciones o también simples asociaciones estadísticas (que no son factores de riesgo o causales). Pero un suceso que no sea predecible –que no pertenezca a la curva normal "mediocristán" sino a “extremistán”, nos dice Nassim Nicholas Taleb-, que sea altamente improbable, es un “cisne negro”(cygnus atratus). Además estos sucesos producen graves consecuencias –por ello es mejor precaverse de ellos mediante el pensamiento contrafactual, es decir, pensando en sus consecuencias mas que en su probabilidad de ocurrencia. Por último, a estos sucesos siempre buscamos una narración explicativa (11S, 11 M, Internet, el incendio del Yuso o el de Campofrío…). Porque la narración (el mito) es mas antigua que la filosofia y, como cuando se nos rompe un calcetín, enhebramos hechos e historias para ordenar la realidad, para dar sentido a los acontecimientos retrospectivamente.
Nuestro cerebro adquirió evolutivamente la capacidad de tomar decisiones rápidas con la mínima información. Información que cuesta adquirir, almacenar y procesar. Por eso el cerebro elige las historias, porque son mas fáciles de recordar y de vender.
En fin, que todos los hombres somos filósofos, porque tratamos con ideas o conceptos, pero esta semana en un ataque de hipersensibilidad filosófica me enfrasqué en una discusión epistolar sobre filosofía de la ciencia con mi hija Lara. Una hora estuvimos argumentando por Whatsapp sobre los métodos en economía –la ciencia lúgubre, le llegué a decir en el acaloramiento de la batalla dialéctica. Sí, porque nos dice que no hay nada gratis-. Le recordé que Nassim Nicholas Taleb, el autor de “The black swan”, critica a historiadores, sociólogos y economistas porque pecan de verificacionistas, porque creen que pueden predecir, porque sufren de esa imperiosa necesidad de buscar una explicación, de encontrar un patrón lógico en los hechos que estudian. Pero con estudios observacionales no pueden aspirar a explicar, a encontrar causas. Así que mas humildad intelectual Socrática, más modestia –le dije a mi hija. Y este asunto duele a científicos sociales como Hayek quien critica como cientifismo a ese exceso de confianza en los métodos de las ciencias naturales. Vamos, que mi hija me llamó petulante así, de sopetón, y por extensión a todos los de ciencias. Pero son honrados otros métodos de conocimiento –le dije- como el arte o la religión. Y las ciencias sociales pueden y deben utilizar el método científico en el estudio de los fenómenos sociales. Pero para ser científico no basta con observar o contar. Hace falta ser objetivo y plantear hipótesis que puedan ser falsadas pues si esto no es posible ocurre como con la religión, que quedarían fuera del ámbito de la ciencia. En demasiadas ocasiones quienes estudian la condición humana (la ciencia se define por el método no por el objeto de estudio) buscan con frecuencia causas, narraciones –con el riesgo de caer en la falacia narrativa- para buscar la etiqueta de “científico”, lo que les confiere prestigio o respetabilidad. Pero no basta con que los sociólogos o antropólogos redescubran que es inmoral vivir sin casa o que la segregación es mala para la integración escolar. Para influir en las políticas públicas hace falta demostrar que se obtienen peores notas en pruebas estandarizadas. No vale con decir a un juez o a un político que lean a Dickens, o a Weber. Por todo ello me ha resultado extraño esta semana leer en un medio a una antropóloga que preconiza que las ciencias sociales deben “interpretar” a la luz del método científico (cuando lo que la ciencia trata es de explicar), o que “es preciso hacer preguntas e imaginar la realidad”. Pero esto es el arte –diría Unamuno.
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lunes, 8 de noviembre de 2010
EMOCIÓN Y RAZÓN

En Quintanilla del Agua las verrugas vulgares (papilomavirus) se curan contando estrellas o escondiendo bayas de enebro. Pero la existencia de este pensamiento sobrenatural sobre la terapéutica de esta enfermedad no es algo que pertenezca en exclusiva a las gentes del Arlanza. El mito y el rito –como realización mágica de los deseos- son comunes a muchos humanos de toda condición y siguen vigentes en nuestros días: pulseras mágicas, astrología, mal de ojo, homeopatía, conjuros, consagraciones…
En la historia evolutiva humana parece que prima la emoción sobre la razón y el cerebro, lejos de ser una máquina racional, tiene por primordial objetivo la supervivencia, por lo que la gran mayoría de nuestras acciones son inconscientes y automáticas – a través del sistema límbico, de ese cerebro primitivo que compartimos con los mamíferos- y solo una pequeña parte de la conducta será consciente y voluntaria. También la creatividad y la memoria estarían al servicio de la supervivencia. Así es que la historia de la humanidad parece más una historia de las emociones que de control racional –las pasiones y los las penas han llenado mas cementerios que los médicos y los necios aseveró Larra.
Como el pensamiento lógico no puede dar respuesta a todas las incertidumbres del hombre, éste necesitaría de la irracionalidad como mecanismo defensivo, para crear un orden y dar una explicación emocional a los hechos - para el cerebro sería mejor tener algo que nada-. El hombre sería así un ser espiritual porque posee un cerebro con sentido de la trascendencia.
Por todo esto podemos decir que en religión o en arte, esas otras formas de conocimiento sobre las contingencias humanas, la realidad no es suficiente. En el arte el virtuosismo nunca ha servido para transmitir lo real. Cervantes defendió con brío el realismo en sus novelas, pero su héroe Don Quijote, para ser creíble, para buscar la gloria, necesitó de la locura, de la irracionalidad.
Por el contrario, para las contingencias naturales, la ciencia es la herramienta más poderosa, aunque sabemos que si algo caracteriza este saber es la incertidumbre.
Bueno, dejo este post pues me voy a contar estrellas…las del Real Madrid-Atlético de Madrid, cosa muy humana, llena de afectos desenfrenados como el odio, el amor, la venganza, la ira…
lunes, 4 de enero de 2010
CIENCIA COMO FENÓMENO BIOLÓGICO

El pasado 30 de diciembre de 2009 corrí la San Silvestre en Lerma -aquí tienen la prueba que por correr sí amanece mas temprano-. De vuelta al pueblo, asistí a una conferencia que se celebró en el salón de actos de Quintanilla del Agua. El asunto que nos convocó fue un personaje histórico del Arlanza: Don Jerónimo Merino Cob. El Cura Merino (Villoviado, 1769 - Alencon, 1844), fue un sacerdote y guerrillero que fundó los Regimientos de los Húsares, de Burgos, y del Arlanza. Y como no es posible escribir o hablar de historia sin opinar, me gustó el punto de vista del conferenciante - Don Diego Peña, regidor de Lerma-, pues aclaró cuáles eran hechos (muchas veces limitados o seleccionados), y cuáles opiniones (muchas veces ajustadas a teorías preconcebidas, como hacen los historicistas). Así que la historia no tiene teorías; lo que tiene son "puntos de vista" o interpretaciones históricas. ¿Y para qué hablamos de historia si queremos hablar de ciencia?
Porque a diferencia -o al contrario- de la historia, aunque la ciencia selecciona hechos - es inevitable el punto de vista del científico-, lo hace para refutar o rechazar una teoría, para contrastar una hipótesis en las ciencias puras, y para predecir en las aplicadas - a un ingeniero le interesa conocer si el puente soportará una carga-. Y es que hablamos de Karl Raimund Popper, autor de "La Miseria del Historicismo" (1957). Popper estuvo en Burgos en 1968, en el Congreso sobre Filosofía de la Ciencia organizado por el Catedrático Luis Martín Santos (ambos en la fotografía). Karl R. Popper (1902-1994) ha sido uno de los mas influyentes pensadores contemporáneos cuyas teorías epistemológicas y sociopolíticas han llegado, también, a la Epidemiología. El autor sostiene que cuando evaluamos una teoría parece que siguiéramos un camino inductivo -de lo particular de los hechos a lo general de la teoría-, cuando en realidad no se puede verificar ninguna teoría explorando todas las situaciones posibles. Entonces el verdadero método científico es el Hipotético-deductivo. Así, las hipótesis científicas nunca podrán ser confirmadas, sino únicamente falsadas. ¡Gran lección de humildad, ésta de la ciencia! En Epidemiología también nos parece que utilizamos criterios inductivos - o deductivos- en la "inferencia" o, mejor dicho, juicio causal. Pero en realidad son reglas metodológicas que nos ayudan en la causalidad.
Las ciencias -nos dice Popper- resuelven problemas por el mismo método que el sano entendimiento (ensayo-error). Sería como un fenómeno biológico en el que se parte de a)un problema (ambiental, de alimentación etc...); b) se proponen soluciones tentativas ( los individuos tienen predisposición genética al cambio, a la variabilidad); y c)se desechan las respuestas erróneas. Lo mas característico del método científico, lo que diferencia a una ameba de Einstein, es el caracter crítico del método. Así, mediante un lenguaje, se pueden desarrollar pruebas o tests para rechazar hipótesis o proposiciones formuladas linguísticamente. Estos intentos de Falsación diferencian una actitud precientífica de una científica. Una actitud crítica que supone una dialéctica entre teorías competidoras, audaces, con contenido empírico (logico-deductivo) en su aproximación a la verdad.
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